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Carnavalero sin época Por Juan Castel
Con más de seis décadas dentro del Carnaval, Carlos Soto es un pedazo de historia viva. Letrista laureado si los hay, y autor de varios clásicos, ostenta primeros premios en las cinco categorías del Concurso Oficial. Con ustedes la palabra de un hombre que ha atravesado distintas épocas de la máxima fiesta popular y se mantiene activo y vigente. Una charla de boliche sobre lo de antes y lo de ahora con una figura que le ganó al tiempo.
¿Como hacés para escribirle a varios conjuntos diferentes y ser parejo con todos? Uno no sabe como se logra eso. Igual lo máximo que escribí fue a tres al mismo tiempo. Y los tres salieron primer premio.
En el año ’64.
En el año ’64. Pero uno nunca sabe. En el caso de la murga uno ya sabe lo que tiene que hacer y elije el tema y todo. En el caso de otros conjuntos ellos te dan una estructura determinada y un planteo que puede ser humorístico o semi dramático, y vienen a que se les prepare un libreto basado en lo que ellos han ideado. Por ejemplo ese año ’64 con Los Jardineros de Harlem hice todo el libreto basándome en mis propias ideas. Y tuve la suerte de ganar el primer premio. En aquel momento estaban en boga los teleteatros, se hablaba mucho de eso, y lo tomé bien humorísticamente y salió. Pero nunca sabe uno. Es como la inspiración. A veces tengo que pedir un papel acá para anotar cosas que surgen.
La máquina no para ¿no?
No, después que uno está en esto no. Toda mi vida fue lo mismo. Periodismo y escribir. Lo mío fue siempre escribir. Bien, mal, regular o peor, no sé. De pronto uno se puede pasar diez días con una idea y no resolverla. Y de repente en un minuto resuelve cuatro ideas. Así que nunca sabe uno.
¿Te ha pasado alguna vez por falta de tiempo el tener que salir con algo con lo que no estabas muy convencido?
Sí, alguna vez me ha pasado. A veces hasta por capricho. Porque uno de los análisis más claros que hay es cuando al conjunto lo ves cantar con desgano. Esa es la pauta de que, o no les gusta, o entienden que no debe ser. Y un año me pasó. En el año ’55 con Asaltantes con Patente había varios componentes que no me decían nada pero ponían cara fea cuando lo interpretaban. Y faltando diez días yo insistía con eso y lo quería sacar de cualquier manera. Y dio la casualidad que Pastrana me vino a pedir por favor una mano, en aquel momento se le había enfermado un letrista. Y agarré y le regalé ese cuplé. El concurso se hacía en el Estadio. Y una de esas noches estaba La Nueva Milonga y Ruben Molina sale a cantar ese cuplé. Y aquellos que ponían caras feas en el ensayo de los Asaltantes estaban conmigo ahí, y uno me dijo “qué cuplé bárbaro este”, y le dije “lo tuviste colgado un mes y no te gustaba”. Claro, Ruben Molina lo interpretó de una manera muy buena. Y hoy si ese cuplé lo repito tiene total actualidad.
¿Era distinta la relación con los dueños de los conjuntos antes?
Yo siempre fui dueño. En los Asaltantes con Patente durante más de treinta años fui dueño, compartido con Cachela, por supuesto. Y en los que no era dueño siempre tuve buena relación. Al contrario, siempre interpreté bien, al decir de los dueños y de los componentes, lo que me encargaron. Nunca tuve problema con los dueños. Escribiste en todas las categorías del Carnaval… En todas. Y gané en todas. Debe ser un record. Y gané en tres categorías distintas el mismo año también.
¿Hay alguna que te resulte más difícil para escribir que otra?
No, no.
¿Cuál es el cambio estético más grande que vos notás entre el Carnaval de la década del ’50 y el de ahora?
Estético, en varias cosas. El advenimiento de la guitarra, por ejemplo, es un buen elemento puesto ahí. Por aquello de los tonos, por aquello de que no los da una garganta sino un instrumento musical. Después en el caso de las murgas yo soy contrario a la puesta en escena. En las demás categorías sí. En la murga no, la murga es un saltimbanqui. De hecho no tiene que estar sujeta a determinados códigos o movimientos escénicos, no, no. Para expresarse tiene el libreto, las manos, la cara pintada y los movimientos escénicos de cada uno. No que estén todos encasillados en determinada cosa. En los demás conjuntos creo que sí, tiene que haber otra estética y otra formación. Eso está perfecto. En la murga no. Un hilo conductor sí, me parece correcto en las murgas también, porque no se puede estar cantando las cosas como se hacía antes, eso está bien. Estéticamente el Carnaval ha ganado en muchas cosas. La seguridad de cantar, justamente por el tema de la guitarra. Y después los arregladores, que hacen cantar melódicamente, hacen cantar tipo salsa, rock, los hacen cantar de otra manera.
Ahí se ganó en la variedad ¿no? De los ritmos, las músicas, la parte melódica…
Claro. La variedad melódica. Y también el advenimiento de un concurso como el Soliño en que se premia a la música inédita, eso ha ampliado horizontes. Acá hay enormidad de músicos capaces de crear, y lo han demostrado. Entonces ¿por qué están usando músicas pre existentes? Todas esas cosas ayudan para que hoy el Carnaval se transforme en un espectáculo fabuloso. Es un espectáculo que en cualquier otra parte del mundo, sobre todo de habla hispana, haría “escoba” de corrido.
O sea que vos no sos de los que cree que el Carnaval de antes era mejor.
No. Creo que cada uno cumple su época, como el fútbol. Un futbolista comparado con otro de otra época no tiene nada que ver. Pelé hubo uno solo, Maradona hubo uno solo, Nasazzi en su tiempo fue Nasazzi, punto. Después las comparaciones no existen. El que las quiere inventar que las invente, pero eso no tiene ningún basamento. Con el Carnaval se ha dado en distintas épocas eso de recordar lo de antes y compararlo con las nuevas propuestas. Me imagino que a vos te habrá pasado, te habrán criticado incluso. Si. Los mismos que critican después emplean lo mismo. En el caso de los lubolos en 2003, 2004 y 2005 ganamos el primer premio con Cuareim 1080. Nos dijeron de todo. Colegas y periodistas. “Se terminó la tradición” decían. Pero el conjunto ganó. Al año siguiente tres o cuatro quisieron hacer lo mismo, y yo los felicito. Y otras veces pasó lo mismo. Los Asaltantes en el ’32 dieron vuelta todo ¿y? Y cuatro años después el Loco Pamento saca Los Saltimbanquis vestidos de escoceses y fue una revolución en la vestimenta. En el ’52 La Milonga Nacional vestida de hindúes, primer premio, arrasó con todos los tablados, una cosa espectacular. Después apareció La Soberana en plena dictadura y terminó con todo, ¿y eso no es renovarse?
Tal vez lo que se pueda extrañar un poco del Carnaval de antes era que tenía más presencia en los barrios ¿no?
Eso es otra cosa. Por ese lado sí que el Carnaval se muere, a lo mejor resucita por otro lado. Pero los boliches están cerrados. Antes el boliche era un poco el sponsor del tablado. Cambiaron las cosas de tal manera que hoy en el tablado la actuación se cobra en el acto. Y antes no, antes se iba “a premio”. No hay escenarios, solo cuatro o cinco escenarios profesionales. Por ese lado sí, aparentemente, se termina el Carnaval. Pero el Teatro de Verano siempre está lleno.
Y ahora está la televisión también, que lo lleva a todo el país.
Claro. Siempre aparece una cosa. Al principio, en la propia Daecpu todos tirábamos la bronca con la televisión, “nos va a sacar público” decíamos. Y al contrario, nos agrega público. Has compuesto algunos clásicos de Carnaval de todos los tiempos. Debe ser una satisfacción grande que la gente cante tus cosas ¿no? Para el autor eso es tremendo. Porque además hay que sacarse de la cabeza la idea de escribir para uno. Uno tiene que escribir para la gente. Más en Carnaval. A la gente hay que darle lo que la gente quiere.
¿Te acordás cuántos primeros premios tenés?
Sé que son más de treinta.
¿Sos el mejor letrista de la historia del Carnaval?
No, no. Y yo no soy quien para determinarlo. No. Creo que soy el que más carnavales tiene. Sesenta y cinco con este último. Son unos cuantos. Pero no, el mejor no. Acá hubieron letristas sensacionales. Gamero fue un fenómeno, una cosa descomunal. El “Judío” Martínez, el “Fino” Carballo, el “Hueso” Pérez, fenómenos. El de más tiempo puede ser, pero el mejor no. Además eso que lo diga otro, yo no voy a decir una cosa semejante. |