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rosario viñoly: “cuando se fue “tucho” orta quedamos huérfanos”
+ Entrevistas - sábado 17 de enero


 rosario viñoly: “cuando se fue “tucho” orta quedamos huérfanos”
Esa pasión que pudo tanto

Por Juan Castel 
 
“Por favor, no te metas en Carnaval” le decían a Rosario Viñoly sus allegados a mediados de los ‘80. No era para menos. En aquel entonces no era un ámbito visto con buenos ojos por algunos sectores de la sociedad. Pero no hizo caso. Sus ganas pudieron más y se metió en ese ambiente pasional y varonil en el que formó parte de dos conjuntos emblemáticos, únicos: Los Gaby’s y Los Saltimbanquis. En el camino, y casi sin darse cuenta, atacó artísticamente desde un lugar en el que estaba todo por hacer, marcando un antes y un después en el maquillaje de Carnaval.

- Cuando empezaste con Los Saltimbanquis no estaba tan bien visto como ahora el tema murga, menos para una mujer…

- Ya me había pasado antes. No por Los Saltimbanquis, sino por el Carnaval en sí. Me acuerdo que gente amiga me pedía “por favor” que no hiciera Carnaval. Por suerte fueron más poderosas las ganas de hacer. Tampoco me acerqué yo. Un compañero del canal me habló, y yo dije “bueno, cuando llegue el verano me llamás”. Me llamó y me acerqué. Ya en ese momento la gente me decía “no hagas Carnaval por favor, tenés un futuro enorme, estás en la televisión, estás en el teatro, no hagas Carnaval”. Incluso gente de televisión y de teatro me lo decía, que mucho tiempo después incursionó también en Carnaval. Después claro, cuando fui a hacer una murga de esa talla también me decían “no, en una murga no”. En parodistas todavía se aceptaba, eran tipos más jóvenes. Se suponía que en la murga era gente más grande, llena de vicios, en donde casi que entrar ahí iba a ser como entrar a lo prohibido y que te iba a ir muy mal. Moralmente ¿no?

- ¿Y cómo fueron esos primeros ensayos? 

- Me acuerdo que cuando me llevó Baby (Sansone) a hablar con Enrique (Espert) al respecto del maquillaje, Enrique me pidió que lo hiciera y nada más. Igual que el “Tucho” Orta. Jamás te preguntaban qué ibas a hacer. Y pienso que para ellos fue una sorpresa también lo que hice. Ellos sabían que yo era maquilladora, que ya estaba en Carnaval. No sé si habían visto mis trabajos. Recuerdo también el encuentro con Juan Mascheroni,  con quien  desde ahí seguimos una amistad hasta ahora. Pero no me pasó nada importante, salvo los nervios de cuando vas a cualquier conjunto, porque creo que yo tampoco sabía de la dimensión del tema. Me parece que me di cuenta mucho después. En ese momento el temor era “¿cómo me quedará?, ¿qué haré?”. Era mi inclusión a la categoría murgas por primera vez. 

- Espert te dio libertad absoluta…

- Absoluta. Sí. Simplemente después vos te dabas cuenta que a él le gustaba el trabajo. Como le gustan a Enrique todas esas cosas, todo lo fastuoso, lo que se note, lo que se vea, lo que brille, lo de color. Ese fue el año de Los Chinos, que todo el mundo recuerda tanto. En realidad el recuerdo creo que fue por dos cosas. Primero, porque por primera vez se veía a una murga maquillada de forma diferente, y no me refiero al tipo de maquillaje sino a los materiales y al hecho que no había sobre el rostro elementos perdidos, una caracterización. Había grandes máscaras chinas que acompañaban todo aquel vestuario. Que parece algo hoy en día tan obvio ¿no? Pero imaginate que en aquel momento no existían premios ni puntaje para el maquillaje,  era un elemento decorativo.

- ¿Qué cambio sustancial notás en materia de maquillaje entre aquellos primeros años del ’80 y hoy?

- Me parece que en aquel momento estaba todo por hacer, cada conjunto podía tener su personalidad en maquillaje. Hoy en día noto que están más mezcladas las categorías. Hay como mucho maquillaje en todo. En aquel momento podías sorprender con hacer una presentación con todo lo que hoy  parece normal. 
Creo que se quedó un poco quieto el maquillaje ahora. Noto que quedó en diferentes dibujos para cada murga. Pero no hay propuestas nuevas, que corten un poco la temática que está generalizada. Quedó como estancado, y a veces lo he visto en mí, cuidado, y digo “bueno, estoy demasiado sobre mí misma”. Cuando encontrás un camino nuevo también a veces pasa que lo reiterás. Y yo  me aburro mucho. Por eso utilizo mucho eso de que en una misma murga hago un planteo del maquillaje pero lo voy cambiando para las otras ruedas del concurso. Me gusta un poco ese juego. Me gusta lo efímero de un maquillaje. En una misma noche que se vaya en algunas caras. Me queda todavía esa cosa artística de permitir que la obra se diluya y no exista, que no se repita más. Me parece que falta un poco eso. 

- ¿Te está faltando a vos también?

- No, yo quiero seguir en mi línea. Yo sigo maquillando sola. Si me queda mal lo cambio para la otra rueda. Tengo un equipo que me prepara y que me termina, pero yo trazo. 

- ¿Las diecisiete caras?

- Sí, las diecisiete caras. Las trazo y después las cambio. Así como las que me gustan las dejo porque las quiero volver a ver, por eso de efímero que te digo que tienen. A veces quiero volver a ver algo y lo repito. Y otras veces no lo quiero ver porque es horrible, espantoso, me desconcentré en ir a buscar a un murguista que se estaba portando mal, allá al sol, y para volver a maquillar tengo que concentrarme mucho, porque yo no llevo diecisiete dibujos. Yo llevo tres o cuatro. Y sobre esos me baso. Admiro y valoro que trabajen en equipo, pero yo no me sé adaptar. Cuando lo he querido hacer no pude. Claro, tengo la contra ahora de que me siento más veterana, más cansada y se hace cuesta arriba llevar a cabo diecisiete maquillajes, que se mantengan, que aguanten hasta determinada hora. Pero esa es mi visión.

- Y aguantar a los murguistas…

- Más toda la gente que los rodea y que vienen a verlos ese día como que nunca los vieron. Mirá que yo también entiendo a la gente, porque entre ellos puede estar mi familia también. Y siempre digo que mi oportunidad y mi momento es ese. Pesa mucho en uno también. Emocionalmente pesa mucho. Pesa mucho la obra, el momento que pasa cada uno. Me divierto enormemente por momentos, y se me va el tiempo y me estresa en otros. Pero igualmente es maravilloso.

- Sos un complemento del vestuario. ¿Lo sentís así?
 
- Soy un complemento del vestuario. Siempre entiendo que soy un complemento. Del vestuario y del espectáculo. No puede ser lo primordial el maquillaje. Tiene que atraparte, pero no ser el único motivo visual. Que es difícil, porque da muchas ganas. A veces una cara o una cabeza dan para mucho.

- Aparte el ego de uno también debe jugar…

- En todos nuestro ego es grande. Lo tenemos que saber manejar a veces. O ponerlo a disposición “de”.

- Porque también tenés la chance de lucirte en determinado momento…

- Claro, pero también me pasa que como hace tantos años que estoy en esto puedo prescindir perfectamente de tener una mención, o cualquier cosa. Si el conjunto tiene un buen puntaje y yo estoy feliz con el trabajo, y estuvo acorde, está bien. A veces estoy mala conmigo porque no me gusta, porque no supe entenderlo o no di con la esencia después de pasado el trabajo. Porque como todo hecho creativo a veces te agarra mejor en un momento que en otro. Me ha pasado con algunas cosas que he dicho mucho después “yo tendría que haber ido por otro lado completamente diferente”.

- Decime algo de Los Gaby’s. Al igual que Los Saltimbanquis era un conjunto muy fuerte

- Queridos y odiados. 

- ¿Cómo era laburar ahí?

- La gente que en realidad odiaba a Enrique y al “Tucho” Orta son los que generalmente no los conocieron.

- ¿Cómo era el "Tucho"? Dicen que era maravilloso…

- Sí. Pero también está la gente que hoy en día nos oye hablar de esto y dice “no, era esto, era lo otro”. Era un ser excepcional. Lo mismo pienso de Enrique ¿eh? También de sus hermanos. La familia Espert siempre me trató muy bien, siempre fueron muy respetuosos con mi trabajo y con mi forma de ser. Y si bien éramos distintos nos supimos comprender. Eso yo lo valoro. Por eso yo también aprendí a respetarlos y a quererlos. Tanto como ellos a mí. Y el “Tucho” era un personaje increíble. Con el que siempre me estaba peleando. Es raro, yo recuerdo cosas de él y siempre me estaba peleando. Pero era una pelea ¿cómo decirte? Era una pelea dentro de un gran cariño, y por las cosas que él hacía. Porque él te invitaba a su casa al cumpleaños de sus hijos, te hacía como de su familia. O te invitaba a su casa a comer un domingo. Nos sentíamos parte de la familia porque él nos acercaba a su familia. El respeto que tenía por mi trabajo ni decirte, lo mismo que Enrique. Jamás me preguntaba “¿Qué va a hacer? ¿Cómo lo va a hacer?” Jamás preguntaba nada. Simplemente cuando terminaba Carnaval e iba a cobrar el premio, te esperaba en el Bar Ameal con un sobre azul con la cantidad que tú le habías marcado y te lo daba. Con un respeto y un agradecimiento enorme. Y también me trataba de usted, pero después me podía decir la peor cosa, en broma, y por eso yo me enojaba con él y le decía “a mí tráteme con respeto, no me diga eso”. Una cosa un poco en broma y un poco en serio. También a veces estabas en el bar, en plena conversación seria, y él tiraba una bomba brasilera en medio del bar, en pleno invierno (se ríe). Estabas hablando y de repente “¡pam!”, una estampida. Entonces yo ya me levantaba, me enojaba, él caminaba una cuadra, me iba a buscar. Era todo un "acting", una cosa de locos. Pero me podía. Un seductor. Con los espectáculos también.

- Capaz que por eso tanto Juan Mascheroni como vos sufrían y defendían esos espectáculos a muerte, lo vivían con una emoción tremenda

- Tremenda. Como nunca más lo vivimos. Y que me perdonen los dueños de los 
últimos conjuntos en los que estuve, que los quiero mucho y entregué mucho de mí también. Porque no concibo un lugar para trabajar donde no esté cómoda. Que igual me pasó. Agarrar un trabajo por agarrarlo o agarrar muchos trabajos en un mismo año. Quizás por la juventud, por el deseo de hacer otras categorías. También se dio que fueron sacando conjuntos amigos míos y no les podía decir que no. Amigos que a veces los perdés también por eso. Pero en aquel momento nos sentíamos parte. Una parte fundamental. Tampoco sentíamos que fuéramos ni indispensables ni nada. Pero nunca más nos pasó de ser tan parte de algo. Con Los Gaby’s especialmente. Porque con las murgas es diferente, la composición de su espectáculo también lo es. En una murga no podés estar atrás del escenario para nada. Los parodistas te hacen que participes más del espectáculo por los cambios permanentes de ropa, por la transformación del maquillaje. Participás más.

- En algún punto debés extrañar eso ¿no? ¿O sabés que no va a volver?

- No va a volver jamás. Hace mucho tiempo que lo sé. Y también me pasa que a veces cuando me encariño mucho con un conjunto, digo “¿qué pasará?”. También me pasó con Contrafarsa. Es parte de la evolución de Carnaval. He sentido a gente hablar con muchísimo cariño de conjuntos de los que yo ni registro el nombre, y los escucho hablar con una pasión enorme. Y hoy en día pienso “de esa forma yo también hablo de conjuntos que ya no están y no van a estar”. Aunque sacaran ahora un conjunto que se llamara Los Gaby’s no sería lo mismo. Porque cada conjunto me parece que tiene la identidad de su dueño, de un momento de la historia y de la vida. Me parece que las cosas se forman y explotan en algo, y después esa explosión va decayendo, se va apagando. También hay ciertas cosas que desaparecen de forma brutal. Como desaparecieron Los Gaby’s por la muerte de “Tucho”. Fue lamentable, porque nos perdimos. Nos perdimos. Quedamos huérfanos. Después cada uno de nosotros en algún conjunto encontró alguna cosa parecida, ese volver a formar alguna comunión. Pero nunca aquello. Aquello fue impresionante.

 

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